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Una segunda piel para el rascacielos

Torre Zaragoza, el primer rascacielos residencial de la capital aragonesa en superar los 100 metros de altura, nace como un edificio sostenible pensado para lograr el máximo ‘comfort’ para sus propietarios. El proyecto está diseñado bajo criterios Passivhaus, un estándar de construcción que permite crear 285 viviendas respetuosas con el medioambiente. A este respecto, la torre cuenta con una segunda piel que recubre sus fachadas y protege el interior de los cambios bruscos de temperatura y de los ruidos exteriores.

Se trata de una fachada ventilada cerámica que se encuentra “flotando” sobre el edificio, creando un espacio vacío que actúa como cámara de aire. Durante los meses de verano, la hoja exterior se calienta, subiendo notablemente la temperatura del aire de la cámara y expulsándolo hacia arriba; para renovarlo posteriormente por aire más frío. En invierno, el aire de la cámara se calienta, pero no tanto como para crear ese “efecto chimenea”, reteniéndolo para proteger los interiores del frío.

La fachada combina placas cerámicas de color blanco tipo Faveton para los volúmenes principales con otras de color oscuro tipo Sate, dispuestas en un segundo término. A nivel estético, esta segunda piel le otorga una bella combinación de texturas, colores y volúmenes que convierten el edificio en un rascacielos elegante y esbelto.

Las ventanas son de PVC de altas prestaciones con triple acristalamiento y con doble o simple cámara de gas argón, según su orientación. Por añadidura, cuentan con perfiles metálicos interiores, que les otorga una mayor resistencia.

La carpintería exterior es también de altas prestaciones, que tienen muy baja transmitancia térmica y se montan con triple vidrio relleno de gas inerte. Gracias a esto se logra reflejar el calor al interior de la vivienda en invierno y mantenerlo en el exterior en verano.

Todas estas características logran la eliminación de todos los puentes térmicos y otorgan al rascacielos un excelente aislamiento térmico y acústico. De esta forma, la necesidad de aire acondicionado y calefacción será prácticamente nula, lo que repercutirá en un ahorro en las facturas todos los meses y una notable mejora para el medioambiente.

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